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Sineu

Si cerramos los ojos y pensamos en Mallorca, lo primero que nos viene a la mente son sus características playas paradisíacas, las cuáles se han convertido en todo un icono y atraen a turistas provenientes de todas las partes del mundo.

Sin embargo, Mallorca es mucho más que eso, pues su verdadera esencia no es, tal y como podríamos pensar, el mar, si no todo lo contrario, la tierra.

A través de los siglos, los isleños han conseguido conservar un carácter especial del que podemos aprender mucho cuando los visitamos, por ese motivo, en cualquier viaje a Mallorca, no debemos de perder la oportunidad de descubrir sus pueblos.

Uno de esos pueblos que mantiene sus raíces imperturbables a través de los años es Sineu, donde todavía puede contemplarse el que fue el Palacio de los Reyes de Mallorca, el cual fue construído en 1309, y donde desde el siglo XVI se ubica un convento de monjas concepcionistas.

Desde aquí os invitamos a descubrirlo, con una ruta en la que no podemos olvidar su riqueza gastronómica. Empezando por comer un pa amb oli (tostadas de pan con tomate, aceite de oliva y sal), o un variat (tapas) en cualquiera de sus bares o restaurantes vamos a poder disfrutar del sabor de lo natural, con productos mediterráneos de calidad inigualable.

Después de llenar el estómago, podemos adentrarnos en su mercado, el cual se celebra en Sineu desde el siglo XIV, y el cual está considerado como el más antiguo de toda la isla, en conjunto con el mercado que se celebra en Inca.

Este mercado tiene lugar los jueves, por ese motivo os recomendamos que la visita a Sineu se realice durante este día de la semana, el cual se ha convertido en el más importante para la localidad, y desde donde se expandió su rica industria del calzado, gracias a que Antoni Fluxà importó la primera máquina zapatera desde Inglaterra en el año 1877.

Esta industria ha vivido durante más de un siglo, aunque en la actualidad, tan solo continúan con esta tradición las marcas de zapatos de mayor relevancia, como por ejemplo, Lottusse y Camper, a las cuales se considera como descendientes directas de Fluxà.

De manera que, durante cualquier visita a la isla de Mallorca, más allá del característico turismo enfocado a disfrutar de la playa y la arena, os invitamos a descubrir todos aquellos pueblos que, pese a que no gozan de la proyección internacional de sus costas, forman parte del legado y la cultura viva de la isla.